De esclava a Santa, la historia de Josefina Bakhita

La historia de Josefina Bakhita

El auténtico destino, de Bakhita, una esclava sudanesa que entró en las órdenes en Italia a finales del siglo XIX y canonizada en 2000 por el Papa Juan Pablo II.

Así es la historia de Bakhita una niña cuya nombre significa “el afortunado”. Probablemente este nombre era para esta niña era como una premonición del destino o una forma de tal vez de evitarlo. O quizás una ironía de los traficantes que lo atribuyeron a una niña de 7 años antes de venderla como esclava en un mercado sudanés.  Porque, como lo ha escrito bien Véronique Olmi, “para que una historia sea maravillosa, el comienzo debe ser terrible“.

Cuando nace, la niña es amada, cuidada y protegida. Su tío es jefe tribal, su padre es poderoso y su madre es hermosa y materna. En consecuencia la brutal desaparición de sus hermanas oscurece su infancia y la desgracia se estremece en su carne. La niña tiene miedo pero aun lo que  no sabe es que dos o tres años más tarde, ella será secuestrada.

Cuando es capturada, comienza una vida en cadenas, de violencia y de dolor. Vendida varias veces, Bakhita sirve de chivo expiatorio para unas niñas árabes, juguetes sexuales para un adolescente despreciable, y se enamora de un general turco que la tortura a diario. Durante esos años de “gran desgracia“, Bakhita intenta sobrevivir dejando que su “corazón de pájaro” escape a mejores horizontes mientras su cuerpo encadenado soporta el sufrimiento.

Bakhita descubre el cristianismo en Italia

Hasta que ocurra el milagro: a los 13 años, Bakhita es vendida al cónsul italiano en Jartum. El hombre, profundamente dulce, planea devolver Bakhita, pero el pobre hhabia olvidado su idioma e incluso su nombre original. Esta toma de consciencia para ella es el “comienzo de una larga pena“: “Intentos de recordarse de los suyos, con la esperanza de que sus nombres vuelvan, pero permanecen  encerrados en un amor inmenso y anónimo.” Cuando el cónsul está a punto de regresa a Italia, le suplicó que la llevara con él a lo ella llama ” la tierra del sueño blanco y del sol templado“.

El país era pobre, pero, aunque fuera necesario para ella trabajar como doméstica y luego como niñera, y finalmente se pondrá en camino. Un amigo de la familia que la emplea lo hace descubrir el cristianismo, la revelación será un poco larga pero profunda.

Es en este momento que el público empiezo a emocionarse  por la existencia de su madre moretta (“pequeña madre negra“).

La sirvienta finalmente podrá elegir su destino. En estrepitoso juicio que tuvo lugar en Venecia, y que finalizó en noviembre de 1889 Bakhita conseguía su liberación: la reconocen el derecho de elegir sus compromisos. En Italia, la esclavitud ya no existía.

Bakhita se convierte en la hermana Giuseppina Bakhita, la “pequeña madre negra” pasará los próximos cincuenta años viviendo en un convento veneciano. Una vez que haya superado las primeras curiosidades, los temores y las desaprobaciones, al final todos reconocerán el temperamento extraordinario de esta religiosa dedicada a los niños, los débiles y los enfermos.

Murió en el convento del canossiano de Schio, en 1947, a la edad de 78 años, y sus restos incorruptos fueron sepultados bajo el altar de la iglesia de dicho convento. Fue beatificada en 1992 y canonizada en Roma, por el Papa Juan Pablo II, en octubre del 2000. Es venerada como santa por la Iglesia Católica el 8 de febrero, y se le nombró patrona de Sudán.

 


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