Florinda soriano muñoz (mamá tingó) (1921-1974)

Mama Tingo

Florinda Soriano Muñoz, también conocida como Mamá Tingó, fue una activista afrolatina por los derechos de los agricultores en la República Dominicana, cuyas acciones ayudaron a recuperar tierras de cultivo para más de trescientas familias en la región de Hato Viejo.

Soriano recibió el apodo de “Mamá Tingó” por parte de sus amigos, quienes la llamaron así por su naturaleza maternal. Nació en República Dominicana en la región de Hato Viejo el 8 de noviembre de 1921. Sus padres, Eusebio Aquino Soriano y Bonifacia Muñoz, eran agricultores. A los cinco años, la joven Soriano quedó huérfana y fue criada por su abuela.

Soriano creció en una familia de agricultores sin oportunidades de educación formal o ingresos constantes. Cuando tenía 30 años, en 1951, se casó con un granjero, Felipe, y heredó la pequeña parcela de tierra de su suegro y comenzó a cultivar para sí misma en la región de Hato Viejo de la República Dominicana. Ella y Felipe tienen un hijo, Domingo. En 1974, Muñoz se dio cuenta de que las familias que la rodeaban estaban perdiendo sus tierras agrícolas generacionales a manos de un gran terrateniente, Pablo Díaz Hernández, a través de confiscaciones ilegales de tierras. Esto llevó a Mamá Tingó a convertirse en una revolucionaria y un símbolo del activismo.

Mamá Tingó se unió a la Federación de Ligas Agrícolas Cristianas poco después de que comenzaran las confiscaciones de tierras en 1974. Pronto emergió como líder del grupo organizando y hablando en manifestaciones de protesta de agricultores. El gobierno de República Dominicana consideró estas protestas ilegales y organizó esfuerzos para desacreditar a Mamá Tingó como una dominicana radical, de piel oscura, sin educación formal ni ingresos fijos.

Sin embargo, las protestas continuaron y el gobierno finalmente le concedió una audiencia judicial para presentar sus quejas sobre tierras. El día de la audiencia judicial, el 1 de noviembre de 1974, Mamá Tingó recibió la noticia de que sus cerdos habían salido, por lo que se apresuró a regresar a su tierra para atraparlos. Sin embargo, Pablo Díaz Hernández había contratado a Ernesto Díaz para asesinarla y cuando ella regresó a casa, él estaba allí. Ella luchó contra Díaz con un machete, pero él disparó su escopeta y la mató. Tenía 52 años en el momento de su muerte.

En respuesta al clamor público por su asesinato, el gobierno dominicano se vio obligado a devolver las tierras que Pablo Díaz Hernández había confiscado a más de trescientos agricultores empobrecidos. Ella ganó en la muerte aquello por lo que había luchado en sus protestas. Mamá Tingó ahora es recordada como un símbolo de activismo y libertad para el pueblo dominicano. Es honrada con una estatua en la Plaza de Santo Domingo en el pueblo de Monte Plata.

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