El continente africano, conocido como la «Cuna de la Humanidad», ha sido el escenario de algunas de las transformaciones más fascinantes en la historia de la humanidad. Entre los muchos enigmas que rodean los orígenes de las civilizaciones africanas, uno de los más intrigantes es la referencia en varias tradiciones orales a que los primeros habitantes del continente tenían la piel de color «rojo». Esta descripción parece contradecir la imagen comúnmente asociada con los africanos, cuya piel suele ser de tonos oscuros. Este artículo busca explorar esta hipótesis, analizando las tradiciones orales, la iconografía antigua, los estudios antropológicos y las migraciones históricas para ofrecer una explicación coherente sobre este fenómeno.
La Diversidad de la Piel Africana: Más Allá del Negro
En primer lugar, es esencial reconocer que la paleta de colores de la piel en África es una de las más diversas del mundo. Los tonos varían desde el marrón más oscuro hasta el más claro, dependiendo de factores como la exposición solar, la geografía y las mezclas genéticas resultantes de migraciones milenarias. Esta diversidad desafía la idea simplista de que todos los africanos tienen la piel negra. De hecho, la iconografía egipcia antigua muestra una amplia gama de tonos de piel, desde egipcios representados con piel muy oscura hasta nubios con piel más clara. Esto sugiere que la variación en el color de la piel no era solo un fenómeno moderno, sino una realidad histórica en el continente.
Los Banu y los Anu: Poblaciones Ancestrales de Tez Clara
Una de las claves para entender la hipótesis del color «rojo» de los primeros habitantes africanos se encuentra en las tradiciones orales de los Dogon, un pueblo que habita en Malí. Según Ogotemmêli, un anciano Dogon, los primeros hombres eran llamados Banu, un término que significa «rojo» y que aún se utiliza para referirse a personas de tez clara. Estos Banu guardan un notable parecido con los Anu, una población ancestral mencionada en las tradiciones egipcias. Los Anu son descritos como personas de pequeña estatura y piel clara, lo que sugiere que podrían haber sido los antepasados de los antiguos egipcios.
La conexión entre los Anu y los Banu no se limita a África. Según el investigador Runoko Rashidi, los Anu también están vinculados a las deidades más antiguas de los sumerios, quienes se autodenominaban Anunaki (los hijos de Anu). Los sumerios, conocidos como los «cabezas negras», tenían una conexión cultural y lingüística con las poblaciones africanas, lo que refuerza la idea de que los Anu eran una población extendida y significativa en la antigüedad.
El Origen Meridional de los Primeros Hombres
Los estudios antropológicos sugieren que los primeros humanos modernos, conocidos como Homo sapiens, surgieron en la región de los Grandes Lagos africanos, una zona que incluye países como Kenia, Tanzania y Uganda. Esta región, considerada el epicentro de la humanidad, fue el punto de partida de las migraciones que eventualmente poblaron el resto del continente y el mundo. Según las tradiciones orales, en esta área habitaron poblaciones de tez clara y pequeña estatura, conocidas como los Gwègwè. Estos grupos, descritos como «hombres rojos», podrían ser los antepasados de los Anu y los Banu.
Jean-Paul Leboeuf y Annie Masson-Detourbet, en sus estudios sobre las poblaciones de Kanem-Bornu y los Sao, mencionan la presencia de estos «hombres rojos» en la llanura del Chad. Estos pequeños grupos, que habrían llegado a través de Kordofan y Darfur, representan un eslabón crucial en la comprensión de las migraciones y mezclas genéticas que dieron forma a las poblaciones africanas.
El Sol y el Color de la Piel: Una Conexión Ancestral
El color de la piel está intrínsecamente ligado a la exposición solar. En las regiones ecuatoriales, donde la radiación ultravioleta es intensa, la piel oscura actúa como una protección natural. Sin embargo, en áreas con densa vegetación, como las selvas ecuatoriales, la exposición al sol es menor, lo que podría explicar por qué los primeros habitantes de estas zonas tenían una tez más clara. Según Cheikh Anta Diop, los Anu estaban asociados con el culto al sol, lo que sugiere que su color de piel podría haber sido influenciado por su entorno y su relación con este astro.
El término Iwn, utilizado en el antiguo Egipto, se refiere tanto al color de la piel como a un «pilar». Este doble significado sugiere una conexión simbólica entre el sol, la vida y el color de la piel. Entre los Bakongo, por ejemplo, la luz del sol se conoce como mwini, mientras que entre los Dagara, el sol como deidad se designa con el mismo término. Estas conexiones lingüísticas y culturales refuerzan la idea de que el sol jugó un papel central en la vida y la identidad de estas poblaciones ancestrales.
La Expansión y la Transformación del Color de la Piel
A medida que los primeros humanos se expandieron desde las selvas ecuatoriales hacia las sabanas y desiertos, su piel se adaptó a las nuevas condiciones ambientales. La reducción de la cubierta forestal y el aumento de la exposición solar llevaron a una mayor melanización de la piel, lo que resultó en tonos más oscuros. Este proceso de adaptación explica por qué las poblaciones africanas actuales presentan una amplia gama de tonos de piel, desde los más claros, como los Khoisan del sur de África, hasta los más oscuros, como los Dinka de Sudán.
Conclusión
La hipótesis de que los primeros habitantes de África tenían la piel «roja» no es tan contradictoria como parece a primera vista. Las tradiciones orales, la iconografía antigua y los estudios antropológicos sugieren que los Anu y los Banu, poblaciones ancestrales de tez clara y pequeña estatura, fueron los precursores de muchas de las civilizaciones africanas. Su color de piel, influenciado por el entorno selvático y el culto al sol, evolucionó con el tiempo debido a las migraciones y los cambios climáticos. Esta teoría no solo enriquece nuestra comprensión de la diversidad humana, sino que también resalta la profunda conexión entre el medio ambiente, la cultura y la identidad.
Referencias
- Diop, Cheikh Anta. Civilización o Barbarie: Una Antropología sin Concesiones. Publicaciones Presence Africaine, 1981.
- Leboeuf, Jean-Paul, y Annie Masson-Detourbet. Les Populations du Tchad: Nord du 10e Parallèle. Presses Universitaires de France, 1950.
- Rashidi, Runoko. African Presence in Early Asia. Transaction Publishers, 1995.
- Ogotemmêli. Conversaciones con Ogotemmêli: Una Introducción a las Ideas Religiosas de los Dogon. Oxford University Press, 1965.
- Amélineau, Émile. Prolegómenos al Estudio de la Religión Egipcia. Ernest Leroux, 1884.
- Paleoclimatic Data and Analysis. Journal of African Earth Sciences, vol. 45, 2006.
- Genetic Studies on African Populations. Nature Genetics, vol. 52, 2020.