El relato de Plutarco sobre el nacimiento de Osiris el primero de los cinco días epagómenos, en el día 361 del calendario egipcio, y su coincidencia cercana con la fecha del 25 de diciembre elegida para el nacimiento de Cristo, ofrece una conexión intrigante entre tradiciones religiosas antiguas. Este vínculo no es casual, sino el resultado de la influencia de las tradiciones egipcias y su integración en el simbolismo y las festividades del mundo romano-cristiano.
La Elección del 25 de Diciembre por el Papa Julio I
El Papa Julio I, en el siglo IV, estableció el 25 de diciembre como la fecha oficial para celebrar el nacimiento de Cristo. Esta decisión no se basó en registros históricos de la fecha de nacimiento de Jesús, ya que no existen, sino en un proceso de adaptación cultural y religiosa. Este día coincidía con varias celebraciones paganas, como el Sol Invictus en el Imperio Romano, una festividad dedicada al solsticio de invierno que marcaba el renacimiento de la luz.
El paralelismo con Osiris es significativo porque su culto, muy arraigado en el Egipto antiguo, también celebraba el renacimiento, simbolizado por la vegetación y la fertilidad. La elección de una fecha cercana al nacimiento de Osiris (26 de diciembre) refuerza la idea de que las tradiciones cristianas adoptaron y reinterpretaron elementos de las religiones antiguas para integrarse en el tejido cultural existente.
El Árbol de Navidad y el Símbolo de Osiris
El Djed, símbolo asociado a Osiris, representa estabilidad y renacimiento. En los ritos agrarios egipcios, este símbolo tenía un fuerte vínculo con la vegetación y la fertilidad de la tierra. El Djed también se relaciona con un árbol regenerado, un emblema de la resurrección de la vida vegetal después de la sequía.
La conexión lingüística entre el término egipcio «Djed» y palabras en lenguas africanas contemporáneas, como el wolof, refuerza la idea de un legado cultural y lingüístico que atraviesa el tiempo:
- Djed: Plantado o erguido.
- Djan: Vertical.
- Djen: Una hoguera.
Estos términos reflejan el simbolismo de un elemento central, erguido y conectado con la regeneración y la vitalidad, que podría estar en el origen del árbol de Navidad como símbolo moderno.
El Árbol de Navidad como Herencia Cultural
El árbol de Navidad, un elemento esencial de las celebraciones navideñas, puede rastrear sus raíces simbólicas hasta las tradiciones negro-egipcias, como propone Cheikh Anta Diop en Naciones Negras y Cultura. Esta interpretación revela cómo las prácticas modernas contienen vestigios de culturas antiguas que fueron adaptadas y resignificadas a lo largo del tiempo.
La persistencia del árbol como símbolo no solo celebra la regeneración y la esperanza, sino que también es un testimonio de cómo las ideas y los símbolos se transforman y adaptan a nuevos contextos culturales.
Conclusión
La elección del 25 de diciembre como la fecha de nacimiento de Cristo y el uso del árbol como símbolo central en las celebraciones navideñas están profundamente influenciados por tradiciones antiguas, especialmente las relacionadas con Osiris en Egipto. Estos elementos no solo muestran una continuidad cultural, sino también una síntesis entre las religiones antiguas y las nuevas tradiciones cristianas que buscaban resonar con las prácticas establecidas en el mundo antiguo.
Fuente
Cheikh Anta Diop, Naciones Negras y Cultura, Ediciones Présence Africaine, p. 145.