La Batalla de Adua, librada el 1 de marzo de 1896, es uno de los episodios más significativos de la historia africana y colonial. Este enfrentamiento, que enfrentó al Imperio Etíope bajo el mando del emperador Menelik II contra las fuerzas italianas, no solo marcó un hito en la resistencia africana contra el colonialismo europeo, sino que también tuvo profundas repercusiones políticas, militares y sociales tanto para Italia como para Etiopía. Este artículo explora los antecedentes, el desarrollo y las consecuencias de esta batalla, así como su legado en la historia moderna.
Antecedentes: El expansionismo italiano y el Tratado de Wuchale
A finales del siglo XIX, las potencias europeas competían por expandir sus imperios coloniales en África. Italia, un país relativamente joven unificado en 1861, buscaba establecer su presencia en el continente africano para competir con otras naciones como Francia y Gran Bretaña. Su interés se centró en el Cuerno de África, específicamente en Etiopía, entonces conocida como Abisinia.
En 1889, Italia firmó el Tratado de Wuchale con el emperador Menelik II. Este tratado, redactado en dos versiones (una en amárico y otra en italiano), contenía una cláusula crucial que difería entre ambos idiomas. Mientras que la versión en amárico reconocía la soberanía etíope, la versión en italiano establecía que Etiopía se convertía en un protectorado italiano. Cuando Menelik II descubrió esta discrepancia, denunció el tratado y reafirmó la independencia de su país. Este acto llevó a Italia a considerar la invasión militar como la única forma de imponer su dominio.
Las fuerzas en conflicto
El ejército italiano
Las fuerzas italianas, bajo el mando del general Oreste Baratieri, estaban compuestas por aproximadamente 20.000 hombres, divididos en cuatro brigadas. Estas incluían una brigada de askaris (soldados nativos reclutados en la colonia italiana de Eritrea) y tres brigadas de tropas italianas. El armamento italiano consistía principalmente en fusiles Vetterli-Vitali de 10.4 mm, aunque algunas unidades estaban equipadas con los más modernos fusiles Mannlicher-Carcano de 1891. Además, contaban con 56 piezas de artillería y un número limitado de revólveres y sables para la oficialidad.
A pesar de su equipamiento relativamente moderno, el ejército italiano enfrentaba varios desafíos. Las tropas estaban mal adaptadas al terreno montañoso y desconocían la geografía local. Además, la falta de mapas detallados y la escasa coordinación entre las brigadas serían factores determinantes en el desenlace de la batalla.
El ejército etíope
Por su parte, el ejército etíope era una fuerza considerablemente más numerosa, con aproximadamente 120.000 soldados, incluyendo caballería y 42 cañones. Aunque el armamento etíope era heterogéneo, Menelik II había logrado modernizar sus fuerzas gracias a la adquisición de fusiles modernos como los Gras franceses, los Remington y los Martini-Henry. Muchas de estas armas fueron suministradas por Francia y Rusia, que buscaban contrarrestar la influencia italiana en la región.
El ejército etíope también contaba con una estructura feudal, donde los señores locales (conocidos como «ras») aportaban sus propias tropas. Esta organización, aunque menos centralizada que el ejército italiano, demostró ser efectiva gracias al liderazgo unificador de Menelik II y su esposa, la emperatriz Taitu.
La batalla de Adua
El avance italiano y los errores tácticos
La batalla comenzó en la noche del 29 de febrero de 1896, cuando las cuatro brigadas italianas avanzaron hacia Adua con el objetivo de ocupar las alturas que dominaban la llanura donde se encontraba el campamento etíope. Sin embargo, el plan italiano se vio frustrado desde el principio debido a una serie de errores tácticos. Las brigadas avanzaron por separado, perdiendo contacto entre sí en el terreno montañoso y escarpado. La brigada del general Albertone, que formaba el ala izquierda italiana, perdió el rumbo y se separó aún más del resto de las fuerzas.
Al amanecer del 1 de marzo, las brigadas italianas estaban dispersas y vulnerables. Menelik II, alertado del avance italiano, reunió a sus fuerzas y lanzó un ataque masivo. La caballería etíope flanqueó a las tropas italianas, mientras que la infantería atacó frontalmente. A pesar de la superior potencia de fuego italiana, las fuerzas de Menelik II lograron rodear y aniquilar a dos de las cuatro brigadas italianas.
El desenlace y las bajas
La batalla terminó en una derrota catastrófica para Italia. Aproximadamente 6.000 soldados italianos murieron, incluyendo 1.500 durante la retirada desordenada. Otros 1.000 resultaron heridos, y alrededor de 3.000 fueron capturados. Los prisioneros italianos fueron tratados con relativa clemencia, pero los askaris eritreos, considerados traidores, sufrieron mutilaciones como castigo.
Por su parte, las fuerzas etíopes sufrieron alrededor de 10.000 muertos y 10.000 heridos, una cifra significativa pero que refleja el alto costo de su victoria. La batalla de Adua no solo fue una derrota militar para Italia, sino también un golpe devastador para su prestigio internacional.
Consecuencias y legado
Impacto en Italia
La derrota en Adua causó una profunda conmoción en Italia. El general Baratieri fue sometido a un juicio militar, aunque finalmente fue absuelto. Sin embargo, su carrera quedó arruinada, y se vio obligado a retirarse de la vida pública. La derrota también tuvo repercusiones políticas, debilitando al gobierno del primer ministro Francesco Crispi y alimentando el sentimiento nacionalista que más tarde llevaría al ascenso del fascismo bajo Benito Mussolini.
Impacto en Etiopía
Para Etiopía, la victoria en Adua fue un triunfo histórico que consolidó su independencia y convirtió a Menelik II en un símbolo de la resistencia africana contra el colonialismo. Etiopía se mantuvo como el único país africano, junto con Liberia, que nunca fue colonizado formalmente. Sin embargo, esta victoria no se tradujo en una modernización significativa del país. El régimen feudal y la falta de una visión estratégica a largo plazo impidieron que Etiopía aprovechara plenamente su triunfo.
Legado histórico
La Batalla de Adua es recordada como un ejemplo de resistencia y valentía frente a la opresión colonial. También es un recordatorio de los errores tácticos y estratégicos que pueden llevar a la derrota incluso a ejércitos aparentemente superiores. En el contexto más amplio de la historia militar, Adua se destaca como una de las pocas ocasiones en que un ejército africano derrotó decisivamente a una potencia europea en el campo de batalla.
Conclusión
La Batalla de Adua no solo fue un enfrentamiento militar, sino también un choque de culturas, ideologías y ambiciones. Para Italia, representó una humillación que dejó una huella duradera en su historia. Para Etiopía, fue una victoria que reafirmó su independencia y su lugar en el mundo. Hoy, más de un siglo después, Adua sigue siendo un símbolo de resistencia y un recordatorio de la complejidad y el costo de la lucha por la libertad.
Referencias
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