Behanzin, cuyo nombre original era Kondo, es recordado como el undécimo rey de Dahomey (actual Benín) y el último gobernante independiente de este reino africano. Su reinado, que duró de 1889 a 1894, estuvo marcado por una feroz resistencia contra la expansión colonial francesa. Behanzin no solo fue un líder valiente y astuto, sino también un símbolo de la lucha por la soberanía africana frente a la invasión europea. Este artículo explora la vida, el reinado y el legado de Behanzin, así como el contexto histórico de la Guerra de Dahomey y la caída del reino ante las fuerzas coloniales.
Los orígenes de Behanzin y su ascenso al trono
Behanzin nació en 1844 en Abomey, la capital del Reino de Dahomey. Hijo del rey Glele, creció en una sociedad altamente organizada y militarizada, conocida por su ejército de amazonas y su compleja estructura política. Desde joven, Behanzin demostró ser un líder inteligente y estratégico, cualidades que lo prepararon para asumir el trono tras la muerte de su padre en 1889.
Al convertirse en rey, Behanzin adoptó el nombre que lo haría famoso y eligió símbolos que reflejaban su personalidad y su visión de liderazgo. Entre ellos se encontraban el tiburón, que representaba su ferocidad; el huevo, símbolo de la fragilidad de la vida; y una pipa de fumar, que según se dice, nunca abandonaba. Estos símbolos no solo eran parte de su identidad real, sino que también servían para inspirar a su pueblo y a sus enemigos.
La resistencia contra el colonialismo francés
Cuando Behanzin ascendió al trono, el Reino de Dahomey ya enfrentaba una creciente presión por parte de las potencias europeas, en particular Francia. Los franceses, que habían establecido una presencia en la costa de Dahomey, buscaban expandir su control sobre el interior del territorio. Behanzin, consciente de esta amenaza, intentó aislar a los europeos y resistir sus avances.
Uno de los primeros enfrentamientos ocurrió en 1890, cuando Behanzin se negó a reunirse con el enviado francés Jean Bayol, alegando obligaciones rituales. Este acto de desafío llevó a Bayol a prepararse para la guerra. Las fuerzas de Dahomey atacaron a los franceses cerca de Cotonú, pero fueron repelidos debido a la superioridad del armamento y la estrategia francesa. Aunque Behanzin se vio obligado a retirarse, este enfrentamiento marcó el inicio de una lucha prolongada.
La Guerra de Dahomey (1892-1894)
La paz entre Dahomey y Francia duró apenas dos años. Durante este tiempo, ambos bandos se prepararon para un conflicto mayor. Behanzin fortaleció su ejército, que incluía a las famosas amazonas de Dahomey, mujeres guerreras que eran temidas por su valentía y disciplina. Por su parte, los franceses, bajo el mando del general Alfred Dodds, reunieron un ejército bien equipado y respaldado por la tecnología militar moderna.
En 1892, las tensiones estallaron nuevamente cuando las fuerzas de Dahomey atacaron poblados cerca de Gran Popo y Porto-Novo, áreas que los franceses consideraban bajo su influencia. Este acto fue utilizado por Francia como justificación para declarar la guerra a Dahomey. Los franceses lanzaron una campaña propagandística que retrataba a los dahomeyanos como «salvajes» que practicaban el sacrificio humano y la esclavitud, una narrativa diseñada para justificar la colonización.
La guerra fue brutal y desigual. A pesar de su valentía y conocimiento del terreno, las fuerzas de Dahomey no pudieron competir con el armamento superior y las tácticas avanzadas de los franceses. El general Dodds lideró una campaña meticulosa, avanzando hacia Abomey y derribando sistemáticamente las defensas de Dahomey. En 1894, Behanzin se vio obligado a rendirse, marcando el fin del Reino de Dahomey como entidad independiente.
El exilio y el legado de Behanzin
Tras su rendición, Behanzin fue exiliado a Martinica y posteriormente a Argelia, donde pasó el resto de su vida. Aunque fue sucedido por Agoli-agbo, un pariente lejano instalado por los franceses, Behanzin siguió siendo un símbolo de resistencia y dignidad para su pueblo. Sus restos fueron devueltos a Abomey después de su muerte en 1906, donde fue honrado como un héroe nacional.
El legado de Behanzin trasciende su derrota militar. Su lucha contra el colonialismo francés inspiró a generaciones posteriores de africanos en su búsqueda de independencia y autodeterminación. Además, su reinado y su resistencia han sido reevaluados por historiadores, quienes destacan la complejidad de la sociedad dahomeyana y su capacidad para enfrentarse a una de las potencias coloniales más poderosas de la época.
Conclusión
Behanzin fue más que un rey; fue un líder que encarnó la resistencia africana frente a la invasión europea. Su valentía, astucia y determinación lo convirtieron en un símbolo de la lucha por la soberanía y la dignidad. Aunque su reinado terminó con la colonización de Dahomey, su legado perdura como un recordatorio del coraje y la resiliencia de los pueblos africanos frente a la opresión.
Referencias
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