La Guerra de Independencia en América Latina no solo fue un conflicto entre criollos y españoles, sino también un escenario en el que los esclavos y negros libres jugaron un papel crucial. A pesar de su anonimato en la historiografía oficial, su participación fue decisiva para el triunfo de las fuerzas patriotas. Sin embargo, su lucha por la libertad estuvo marcada por contradicciones, promesas incumplidas y una abolición de la esclavitud que, lejos de ser inmediata y justa, fue gradual y llena de obstáculos.
Los negros en el bando realista
En los primeros años de la Guerra de Independencia, muchos esclavos se unieron a las filas realistas. Los españoles, conscientes del potencial militar de los negros, fueron los primeros en ofrecerles la libertad a cambio de su servicio en el ejército. Esta estrategia resultó efectiva, ya que los esclavos veían en las fuerzas patriotas a sus enemigos naturales: los esclavistas criollos que los oprimían.
Un ejemplo notable ocurrió en 1811, cuando el gobernador Tacón y el Cabildo de Popayán ofrecieron la libertad a los esclavos que se unieran a sus tropas. Los negros libres del Patía, una región al sur de Colombia, también apoyaron a los realistas, ya que percibían a los patriotas como una amenaza para su libertad. Así, se formaron las famosas guerrillas del Patía, que mantuvieron en jaque a las fuerzas independentistas hasta 1822, cuando finalmente se unieron a la causa republicana.
En otras regiones, como Santa Marta, Venezuela y Perú, las autoridades realistas también reclutaron a negros y mulatos para sus ejércitos. Figuras como el general Pablo Morillo en Venezuela y Juan Sámano en el sur de la Nueva Granada contaron con el apoyo de miles de esclavos y negros libres en sus campañas de reconquista.
Bolívar y la promesa de libertad
Simón Bolívar, consciente de la importancia estratégica de los esclavos, buscó ganar su apoyo prometiendo la abolición de la esclavitud. Tras su exilio en Jamaica, Bolívar se trasladó a Haití, la primera república negra del mundo, donde firmó un acuerdo con el presidente Alexandre Pétion en 1816. A cambio de armas, provisiones y apoyo logístico, Bolívar se comprometió a abolir la esclavitud en los territorios que liberara.
Sin embargo, la promesa de libertad no fue del todo altruista. Bolívar veía en la emancipación de los esclavos una herramienta política para debilitar a los realistas y fortalecer su ejército. En un decreto de 1816, declaró que todos los hombres negros entre 14 y 60 años debían elegir entre luchar por la libertad o permanecer en la esclavitud. Incluso amenazó con revocar la libertad de aquellos que se negaran a unirse a la causa patriota.
Esta política encontró resistencia entre la élite criolla, que dependía económicamente de la mano de obra esclava. Aunque Bolívar logró reclutar a miles de esclavos para su ejército, la abolición de la esclavitud fue un proceso lento y lleno de obstáculos.
El Congreso de Angostura y la abolición gradual
En 1819, Bolívar convocó el Congreso de Angostura, donde se discutió, entre otros temas, la abolición de la esclavitud. Tras meses de deliberaciones, se aprobó un decreto en enero de 1820 que declaraba el principio de que «ningún hombre podía ser propiedad de otro». Sin embargo, la abolición fue gradual: solo se liberaría a los hijos de los esclavos una vez que cumplieran 18 años.
Esta medida, aunque simbólicamente importante, fue insuficiente para garantizar la libertad de los esclavos. Además, el decreto estableció que su implementación se pospondría hasta que el próximo congreso aprobara las leyes necesarias. Mientras tanto, Bolívar ordenó el reclutamiento de 5.000 esclavos para continuar la Campaña Libertadora del Sur.
La Ley de Manumisión de 1821
El 21 de julio de 1821, el Congreso de Cúcuta aprobó la Ley de Manumisión, también conocida como la «ley de libertad de vientres». Esta ley confirmó la abolición gradual de la esclavitud, liberando a los hijos de los esclavos nacidos a partir de esa fecha una vez que cumplieran 18 años. También se estableció un impuesto sobre las herencias para crear un fondo de manumisión que compensara a los esclavistas por la liberación de sus esclavos.
Sin embargo, la ley fue en gran medida inoperante. Las juntas de manumisión no se constituyeron, el impuesto no se cobró y muchos esclavos jóvenes ni siquiera fueron registrados al nacer. Como resultado, la abolición de la esclavitud se convirtió en una promesa vacía para miles de negros que habían luchado por la independencia.
La frustración y las rebeliones
La traición a las promesas de libertad llevó a una serie de revueltas y rebeliones en las décadas posteriores a la independencia. Entre 1824 y 1827, los esclavos realizaron levantamientos aislados en varias regiones. En 1839, durante la Guerra de los Supremos, los negros encontraron una nueva oportunidad para luchar por su libertad.
José María Obando, uno de los líderes de la guerra, decretó que todos los esclavos que se unieran a sus fuerzas serían liberados. Muchos negros aprovecharon el caos político para escapar de las haciendas y unirse a las guerrillas. Esta movilización marcó el inicio de un proceso de resistencia que continuó durante décadas, culminando en la formación del campesinado negro y su lucha por la tierra.
Conclusión
La participación de los negros en la Guerra de Independencia fue fundamental para el triunfo de las fuerzas patriotas. Sin embargo, su lucha por la libertad estuvo marcada por promesas incumplidas y una abolición de la esclavitud que fue gradual, insuficiente y llena de obstáculos. Aunque lograron avances significativos, como la Ley de Manumisión de 1821, la élite criolla se resistió a concederles una verdadera igualdad.
Hoy, es necesario rescatar del olvido la contribución de los negros a la independencia y reconocer que su lucha por la libertad no terminó con la abolición de la esclavitud, sino que continuó en las décadas posteriores, dejando un legado de resistencia y resiliencia que sigue inspirando a las generaciones actuales.
Referencias
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