El imperio de Mali, de Sundjata Keita a Mansa Musa

El África del Oeste de hoy casi no queda ningún rastro. Sólo quedaron los nombres de los reyes y los testimonios de los viajeros. Sin embargo, hace siglos, un miembro del clan Malinké, Soundiata Keita, dio a luz al imperio de Mali, uno de los más grandes que el continente ha conocido.En su apogeo, el territorio imperial ocupó hoy Senegal, Mali y Ghana.

En su mayor parte, no hay rastro de civilización medieval en este parte de África. Para una gran parte de los Europeos, la Historia de África comienza en el momento de la colonización europea. Están equivocados.

El imperio Mande, Melle o Malí no es otro que un imperio el formado por el pueblo negro de los mandingos o malinké que recogió y amplió la herencia de Ghana en el siglo XIII. En sus orígenes no era más que una especie de confederación de territorios mandados por jefes de tribus que sirvieron durante mucho tiempo de refugio contra los ataques exteriores hasta que enriquecidos por el oro las circunstancias históricas les permitieron la creación de un poderoso Imperio. 

Sundiata Keita (1230-1255)

Sundiata Keita (1230-1255) de la dinastía mandinga de los Keita, que había sido en su mayor parte exterminada por el Reino de los Sosso, logro hacer cristalizar en tomo a su persona las aspiraciones de libertad de los mandingas, lo que le permitió liberarse en 1235 del dominio del rey de Sosso, Sumaoro Kannte, al que dio muerte y formar un imperio que se extendía desde el océano Atlántico hasta el Níger.

Su inmensa popularidad de libertador no sólo se debió a la liberación de parte de los mandingos del poder de los Sosso sino a su política de reducir al máximo la esclavitud como costumbre existente entre su propio pueblo. Hacia 1240 ocupo Ghana y destruyó su capital no cesando de ampliar sus dominios hasta que una flecha envenenada acabo con su vida en 1255. La estabilidad política del reinado de Sundiata dio un nuevo impulso al comercio transahariano decaído durante la época de esplendor del Reino de Sosso. Su hijo y sucesor mansa Ulé (1255-1270) continuó la política paterna especialmente en los aspectos comerciales con el mundo musulmán llegando a peregrinar a los santos lugares del Islam en época del sultán mameluco Baybars I, si bien las fuentes musulmanas no hablan de tal acontecimiento.

El siglo XIV supuso el apogeo del imperio Malí con el gran mansa o rey Kanku Musa (1312-1337) que abrió totalmente las fronteras de su Estado a las comerciantes arabo-beréberes, y que es citado elogiosamente por los autores árabes por su peregrinación a La Meca, lo que hizo que el imperio de los mandingas fuese conocido y valorado muy positivamente en los ámbitos internacionales. Malí controlaba el monopolio del oro sudanés y siguió una política de seguridad en el interior y de apertura comercial al mundo musulmán en el exterior, reforzada por la singular y popular figura de su soberano. Kanku Musa, al regreso de su peregrinación, introdujo la cultura árabe en su país, por medio de arquitectos, poetas y artesanos que instalados en la capital, Niani, la convirtieron en una ciudad árabe más, con sus numerosas mezquitas, a la vez que la corte se islamizaba.

Kanku Musa el más rico de todo los tiempo

“Atlas catalán” (siglo XIV). Representación imaginaria del Emperador de Malí, con una pepita de oro en la mano. Los castillos simbolizan las ciudades.

Kanku Musa dio a su imperio Malí un esplendor nunca alcanzado por otro imperio negro hasta entonces, y su poderío se extendía por provincias tan diversas como Tombuctú, Djenné, Méma, Oualata, Gao, Gambia, etc. Su hermano y sucesor, el mansa Sulaymán (1341-1360), que subió al trono después del breve reinado de su sobrino Maghan (1337-1341), hijo de Kanku Musa, vio cómo se debilitaba el poder central debido al choque entre las instituciones tradicionales y las nuevas normas islámicas. Estas disputas facilitaron a los tuareg el poder adueñarse de las provincias más norteñas del Imperio, tales como Gao, Tombuctú y Méma hacia 1433-1434.

La llegada de los portugueses a la costa de Gambia permitió a los comerciantes mandingos a fines del siglo XV y a lo largo del siglo XVI una nueva época de florecimiento, incluso más brillante que la del comercio transahariano. Esto produjo un reforzamiento de la autoridad del mansa en todas las riberas del río Gambia, y la aparición del famoso Niani Mansa Mamudú, conocido por el “gran elefante”, que intentó en 1599 reconstruir nuevamente el primer Imperio Malí a base controlar el nuevo eje comercial Djenné-Tombuctú. Pero la nueva situación comercial impuesta por las rutas portuguesas del Atlántico impidieron realizar el sueño del último gran mansa de Malí. A finales del siglo XVI, los fulbé Denianke, dueños de todo el litoral, expulsaron de Gambia a las mansas de Malí. Y poco después, el pueblo de los bambara, situado al Este, dio el golpe de gracia al imperio Malí conquistando sus restos.

La economía malí estuvo dominada por el comercio transahariano y la demanda de oro por parte de las grandes ciudades musulmanas del norte de África. Las rutas eran las principales vías de intercambio de los productos sudaneses (exportación de oro y esclavos e importación de sal y cobre), la más occidental era la más tradicional y siguió en el siglo XIV siendo la principal pasando por Sijilmasa-Thegaza-Oualata; la ruta más oriental que iba de Ouargla-Touat-Tombuctú-Gao creció en importancia a finales del siglo XIV, sobre todo después de la peregrinación de Kanku Musa a La Meca. Los reyes de Malí y la aristocracia mandinga gastaron enormes sumas en la importación de caballos y vestidos de lujo, así como de productos alimentarios típicos del mundo magrebí, como higos, dátiles y trigo.

El comercio costero creció considerablemente con la llegada de los portugueses a Gambia, los cuales se encontraron con unos comerciantes mandingos muy expertos que vendían plumas de avestruz, marfil, oro y esclavos, y a los que era muy difícil engañar. A pesar de las enormes ganancias comerciales, monopolizadas por una minoría, la mayor parte de la población siguió siendo campesina, dedicándose al cultivo de mijo, sorgo, arroz y algodón, o al pastoreo de vacas, cabras, mulas y caballos.

La sociedad del imperio Malí tuvo una estratificación mucho más compleja y diferenciada que la de Ghana. La aristocracia mandinga formada por las grandes familias dirigía las diferentes provincias del imperio, era objeto de una especial atención por parte de los mansas que la halagaba continuamente con valiosos presentes. Esta clase social fue la que más fácilmente se islamizó y de la que surgieron los jueces o cadíes expertos en el conocimiento coránico, si bien para la gran mayoría de la nobleza la islamización no fue más que superficial.

Las wangaras fueron los comerciantes que se enriquecieron con el casi monopolio de las transacciones y recibieron también la influencia de la religión islámica; mientras que las clases más bajas de la sociedad, los campesinos libres y los “nyamakalas” (grupo heterogéneo en el que se encontraban desde los artesanos y hechiceros hasta los esclavos), continuaron siendo animistas.

Los símbolos Adinkra de la rica cultura Akan

Los símbolos Adinkra de la rica cultura Akan

Los símbolos de Adinkra se cree que se originaron en Gyaman, un antiguo reino en la actual Costa de Marfil. Según una leyenda Ashanti (Asante), Adinkra era el nombre de un rey del reino de Gyaman, Nana Kofi Adinkra.

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El Rey Adinkra fue derrotado y capturado en una batalla. Según la leyenda, Nana Adinkra llevaba ropas estampadas, lo que se interpretó como una forma de expresar su dolor al ser llevado a Kumasi, la capital de Asante. Finalmente fue asesinado y su territorio fue anexado al reino de Asante. Alrededor del siglo XIX el pueblo Asante plasmó en pintura los símbolos tradicionales de los Gyamans sobre tela, una tradición que se ha mantenido hasta nuestros días.

La llegada del adinkra en la cultura Akan parece datar de 1817, cuando un Inglés llamado T.E. Bowdich recogió un trozo de tela de algodón Adinkra de la ciudad de Kumasi. Los diseños en la tela fueron impresos utilizando sellos de calabaza tallada y tintes a base de vegetales. La tela presentaba quince símbolos estampados, incluyendo nsroma (estrellas), dono ntoasuo (dobles tambores Dono) y diamantes. Actualmente se encuentra expuesto en el Museo Británico de Londres.

Los símbolos Adinkra son una representación visual de conceptos y aforismos desarrollados por el pueblo Akan de Ghana.

Los símbolos Adinkra son ampliamente utilizados en tejidos, cerámica, logotipos y publicidad. También se pueden encontrar en los edificios arquitectónicos, así como en los tradicionales pesos de oro Akan y esculturas y también en tronos utilizados para rituales tradicionales. Los símbolos Adinkra no son sólo objetos de decoración, o dibujos, sino mensajes reales que transportan la antigua sabiduría tradicional relacionada los aspectos de la vida o del medio ambiente. Muchos de los símbolos de Adinkra tienen significados vinculados a proverbios, tales como el símbolo Sankofa.

Sankofa, en el idioma Twi, se traduce como “vuelve a ello y cógelo” (san – volver; ko – ir; fa – mirar, buscar y tomar) o el símbolo Adinkra de un pájaro con la cabeza vuelta hacia atrás con un huevo de su lomo, o de una forma de corazón estilizado. A menudo se asocia con el proverbio, “Se wo eran fi na wosankofa un yenkyi”, lo que se traduce como “No es malo volver a por lo que se ha olvidado.” Otros símbolos Adinkra representan hechos históricos, el comportamiento y las actitudes humanas, comportamiento animal, vida vegetal, y formas de objetos.

Adinkra significa “adiós” o “despedida” en la lengua Twi de la etnia Akan, a la que pertenecen los Asante. No es extraño que el pueblo Akan, y en particular los Asante, vistieran ropas decoradas con símbolos de Adinkra, sobre todo en los funerales como una manera de mostrar su dolor, y para despedirse del fallecido.

Las telas Adinkra fueron tradicionalmente sólo utilizadas por la realeza y líderes espirituales en los funerales y ocasiones especiales. También fueron impresas a mano y sin teñir, en rojo, en marrón oscuro o en telas de algodón negra tejidas a mano, dependiendo de la ocasión y el estatus del que las llevaba. Hoy en día, los Adinkra son utilizados por cualquier persona, mujeres, hombres o niños, y con frecuencia son fabricados en serie sobre telas de colores brillantes. Los 3 símbolos funerarios Adinkra más importantes son: la oscuridad – marrón (kuntunkuni), el ladrillo – rojo (kobene) y el negro (brisi). Sin embargo, hay otras formas las cuales no sería muy adecuado llamarlas telas de luto. Con sus brillantes y ligeros fondos se les clasifican como Kwasiada Adinkra o Domingo Adinkrameaning, ropas elegantes que no serían apropiadas para contenido funerario sino más bien para las ocasiones más festivas o incluso para uso diario.

El centro de producción tradicional de las telas Adinkra es Ntonso, a 20 km al noroeste de Kumasi, la ciudad donde el inglés fue el primero que recogió la tela en 1817. El pigmento Aduro Oscuro Adinkra para la estampación se hace en Ntonso, remojando, pulverizando e hirviendo la corteza interior y las raíces del árbol Badie (Bridelia ferruginea) en agua sobre un fuego de leña. Una vez que suelta el color oscuro, la mezcla se filtra y luego se hierve durante varias horas más hasta que espesa. Los sellos son tallados de la parte inferior de un pedazo de calabaza, y miden un promedio de 5 a 8 cm2.

Disfruta del video aquí sobre los simbolos Adinkra con magníficas imágenes del proceso de hacer sellos y ropa Adinkra

FFuentes: African Heritage

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